21 octubre 2015

Diciembre 20



Odio los colores de las luces de la otra casa, También el orden en que están proyectadas y el reflejo que dan en mi habitación, Chapinero por el contrario tiene pocas casas con iluminaciones, en los edificios se pueden observar una o dos ventanas  con luces y adornos alusivos a esta fecha. Es linda la ciudad por estos días, en los demás es normal que no sea la favorita de muchos. Vamos por la Plaza de Lurdes, no sé bien a qué vine, hoy me has dicho algo triste, pienso en eso mientras camino con los otros, replico de manera afirmativa cuando me enseñan algo que les gusta, no estoy con ellos, ríen y quisiera reír igual, se ven tranquilos, los envidio por eso, en realidad pienso en ti.

Hoy es uno de esos días en los que la ciudad no duerme, los centros comerciales están atestados de personas y no se puede caminar comodamente por las calles, todos hacen compras, gastan dinero, se dejan llevar. Esta fecha no es mi preferida.
Junto a la entrada de McDonalls hay un hombre disfrazado de Papanoel, no comprendo las miradas de las personas, hay algo de conmiseración en ellos, es detestable, es un gesto de ‘’hazlo tú porque alguien debe hacer el ridículo por todos’’, la admiración de algunos espectadores me confunde. El hombre tiene un semblante opaco y cansado, podría ser un vendedor ambulante en el día, eso explicaría el semblante opaco y el cansancio, a nadie le importa, a todas luces se nota que hace un esfuerzo incontable por estar ahí metido en su rol de hombre feliz, de papá noel, de cualquier modo sonríe y no le creo.

Las luces de la iglesia son bonitas, muy bonitas, casi quisiera que las viéramos juntos pero pensar en eso sólo me aleja de este lugar. Me entristece. Entramos a un bar no muy lejos de Lurdes, las parejas bailan, me tomo una cerveza y me despido, quedo con Amanda en que nos veremos en la última semana de diciembre, me voy, camino un poco hasta llegar a la séptima y regreso a Lurdes. Me siento en una banca en un parque detrás de la iglesia, aquí hay un tipo cantando Facundo Cabral, contando historias o poesía , no sé, lo disfruta, los tipos que le hacen rueda son como él. Una de ellos se acerca a decirme que si se me ofrece fumar puedo ir con ella, tiene los dientes roídos y un mechón de pelo de color rojo, emana un olor fuerte, le digo que no estoy interesada, se sienta al lado y le ofrece la hierba a los que pasan y entre los que pasan me encuentro con un par de compañeros del colegio, se fueron a vivir juntos después de la graduación, me preguntan qué hago aquí, ¿qué hago aquí? Pienso. No estoy fumando respondo. Nos echamos en el césped, huele a mierda y a tierra mojada, no importa, fuman cigarrillos y beben aguardiente de caja, sacan cervezas recién compradas, otros se unen, el de la guitarra es amigo de mis compañeros, se reúnen a menudo aquí y venían a verlo. Hay varías razones para sentirme triste, las enumero sobre el pasto. Veo la noche. Los otros cantan a coro a Cabral, ‘’ni soy de aquí, ni soy de allá’’  fuman hierba o cigarrillos, hablan del país, de que la solución para el problema es una revolución sin canjeos de ningún tipo, están indispuestos con el cese al fuego que empezaba hoy. Me preguntan qué opino del país, de la poesía, no pienso en el país ahora, ni en textos o poesía, ni en personas que escriban muy bien, mi interés por ello ahora es nulo. Les digo que este país es caso perdido y me retiro. Voy en busca del bus que me lleva a casa, camino a la séptima.

Abro la ventana tanto como puedo, me gusta el aire, las personas caminan sin afán, no puedo distinguir a unos de otros. Amanda me envía un mensaje de texto preguntando si ya estoy en casa ‘’ Voy en camino,  te aviso cuando llegue’’ le escribo. Le envio el mensaje y empiezo a escribirte uno, hay tantas formas de empezar un mensaje de texto, pienso en llamarte para hablar tal vez del trayecto del bus o de Bogotá despierta, no quiero molestarte con tonterías, no me animo a preguntare ¿por qué dejarás de quererme? No quiero saberlo, no debo preguntarlo. Es tarde.

Todo está en silencio, me dirijo a mi habitación, odio las luces de la otra casa, y el orden en que están proyectadas, me siento a ver la calle, ¿qué hago aquí? Te escribo esto, quiero decirte cosas, te escribo esto queriendo reírme de escribirte esto porque no importa. Leo el poema de gabby bess, lo tengo impreso, ‘’cuando estoy triste, me masturbo…’’  Podría masturbarme para sentirme mejor, no podría decir tu nombre mientras lo hago, no es justo si no puedo decirte que lo hago. Podría pasar a facebook , quizá te encuentre ahí, ‘’te quiero’’ es lo único que podría decirte.


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