10 julio 2014

El Recuerdo


Era una marca 
de esas que quedan luego de quitar
el porta retratos,
un agujero negro en medio de una pared.

Un vistazo al fondo sería 
el descubrimiento
de la gran vida que alguien más tuvo.

Introducir el cepillo de dientes 
es levantar el rostro 
y verse durante
dos o cinco minutos frente al espejo.
Esos son los  minutos más
incómodos del día,
el encuentro con un sujeto al que sólo
veo por 
dos o cinco minutos antes de dormir, 
todas las noches,
y del que en realidad sólo recuerdo
algunos rasgos
porque no sé bien cómo es.

El sujeto sin pelo y sin gracia
al que siempre 
quiero patearle el trasero.

setenta y tres (73) años más tarde
lo veo como cuando era niño 
y tenía razones para ser feliz.

El sujeto sonríe. No sé por qué.

Yo no me siento feliz.
Ya no tengo razones para serlo.




08 julio 2014

Pesadilla.


Aparezco en un absurdo momento repetido, llevando mis ojos en diferentes direcciones. Mirando con atención si puedo descubrir los extraños presentes allí y si ellos ven la vida como yo, desde un mal sueño renuente y ensañado en ser parte de mi.

En una incomoda sala de espera hay muchas manos y muchas voces, intento huir de ese mal sueño como una madeja de nubes hilvanadas, delgadas y  frágiles que nadie puede ver. En mi huida el tiempo se detiene pero yo no me detengo, yo soy la fragilidad, yo soy las manos, yo soy el mal sueño. Los extraños hablan del tiempo detenido, de la atmósfera ligera, del cigarrillo encendido, como si la vida desde una sala de espera fuera divertida. se miran famélicos, se tragan, sangran y se cuentan secretos... !Diablos! ¿Quién quiere saber que vas a ser padre?, ¿A quién le importa? 

Una luz se enciende al final de un corredor, voy hacia ella y pido ayuda. Nadie responde. Una puerta se abre. me deslizo sobre un cielo espeso donde lentamente descubro que la vida no tiene forma y que no existe el tiempo.